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El Blog de Manuela Trasobares

De Barcelona a Pekín

De Barcelona a Pekín

Si queréis conocer el desarrollo de la economía española, desconfiad de la prensa escrita y la televisión nacionales. Tampoco escuchéis al ciudadano, flotando aún en una nube de ilusiones futuras por tanto tiempo alentadas. Ni os fijéis en las directrices erráticas del gobierno “socialista”, ni siquiera en las recomendaciones de la oposición conservadora. Ambos por igual nos condujeron a esto.

 

Quien desee anticipar como va a ser la próxima década, que se zambulla en internet o en la prensa económica internacional. O mejor aún que escarbe en el inconsciente personal o colectivo. Pues todos sentíamos la premonición de que el sistema económico que nos estaban vendiendo los sucesivos gobiernos no tenía futuro. Pero como el dinero y el crédito eran fáciles, nos subimos al carro. Un carro cuyo eje de rotación ahora está a punto de romperse.

 

Después de las Olimpiadas de Barcelona, el empresariado español sucumbió ante la presión, entonces incipiente, de las importaciones chinas. Viéndose incapaz de competir con un país cuyos costes laborales eran muy inferiores, nuestros empresarios vendieron, se traladaron, o se convirtieron en promotores de edificios. Esta actividad empezó a florecer a partir del 95. Casi toda nuestra economía se basó en ella y en la riqueza y  la fuerza de trabajo barata que aportaba el continuo flujo de inmigrantes. A partir del 98 empezó una escalada imparable en los precios de la vivienda. El rechazo social que produce en España vivir de alquiler, la llegada a la edad adulta de quienes nacieron durante el baby-boom de los años 60 y la demanda de la inmigración dieron alas al mercado inmobiliario de forma desbocada. Se encareció el precio del suelo e incluso los ayuntamientos trataron de sacar la mayor tajada posible. En la última etapa de la burbuja inmobiliaria el precio de la vivienda era desorbitante, pero todos creíamos que aún seguiría subiendo, por lo que quien necesitaba una, solicitaba un crédito hipotecario axfisiante de por vida. Incluso las entidades bancarias estaban convencidas de que el valor de los inmuebles y su demanda no dejarían de subir, de modo que relajaron las precauciones en la concesión de créditos. La fiebre era tal, que durante diez años las inmobiliarias no se peleaban por vender pisos, sinó por incorporar a su cartera los que estuvieran a la venta. Vender una propiedad inmobiliaria era más fácil que vender un coche y florecieron los intermediarios por doquier. El Levante español estaba destinado a convertirse en la Florida europea. Aquí vendrían todos los jubilados alemanes a disfrutar su retiro. Ese era el plan económico. Traeríamos a los extranjeros en avión, les mostraríamos sus futuras propiedades, les invitaríamos a una paella y antes de llegar al carajillo ya habrían firmado el contrato de compra. Esta técnica de venta masiva se probó en algunas urbanizaciones cuando los precios no eran tan elevados y funcionó. Ahora se trataba de construir más y seguir vendiendo. Así se planificaron urbanizaciones de cuatro y cinco mil viviendas en las poblaciones cercanas a Valencia, que se venderían fácilmente aprovechando la publicidad internacional que nos iban a dar ciertos eventos deportivos y artísticos, concertados por unos políticos incapaces de pensar otras soluciones económicas que no endeudaran el erario. Pero ya no se fletó ningún vuelo, pues de repente la demanda interna cayó y la extranjera prefirió comprar, a igual precio, en el sur de su país de origen.  Ahora tenemos proyectadas tantas viviendas como para satisfacer las necesidades de los próximos diez años y además la medida que se le ocurre al gobierno para reactivar la economía es promover vivienda de protección oficial. Después del estallido de toda esta patraña nacional, aún hoy en día nuestros políticos y empresarios sólo esperan el momento de reiniciar otro boom inmobiliario que reactive la situación. Nada más se les ocurre. Lamentable.

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3 comentarios

Manuela Trasobares -

Querid@ amig@, el sistema que debió implantarse tras la muerte de Franco era una república democrática en la que primara la formación, la investigación, la innovación y la retención del talento. Des este modo ahora tendríamos una industria potente capaz de tirar del carro. La falsa utopía ha sido precisamente una monarquía salvadora que ha difundido un estilo de hacer política y economía basado en el amiguismo, el enchufismo y el status social. La falsa utopía ha sido hacernos creer que un país podía avanzar abandonando a su suerte la industria y la agricultura, que nuestro futuro era ser un país de servicios y viviendas.
Las medidas que en estos momentos habrá que tomar para salir del embrollo son drásticas y las describiré en próximos artículos, aún a sabiendas de que los políticos monárquicos preferiran esconder la cabeza bajo el ala, antes que coger el toro por los cuernos. Por supuesto que gobernar un país no es fácil, pero la primera responsabilidad de un político es educar al pueblo. Lo que hacen ahora es jugar a los titulares de prensa y esconder los datos verídicos para tenernos contentos y engañados hasta que puedan hinchar otra pompa de jabón.

como_pequeña_observación -

Mucha crítica a la política nacional y mucha queja sobre el sistema, pero ¿cúales son esa política y ese sistema alternativos que nos hubieran hecho vivir a todos mucho mejor? Se ha de cuestionar pero también se ha de proponer, porque si aparte de despotricar no se explica y justifica esa "otra forma de hacer política", entonces no nos queda más remedio que quedarnos donde estamos, con sus pegas y defectos, y dejarnos de falsas utopías. Con todo mi respeto, me gustaría ver en el próximo texto cúales son sus alternativas y en que modelos/ejemplos se basa para defenderlas. Un saludo.

Quique -

Qué sabías palabras Manuela. No te canses de escribir nunca pues me encanta leerte.

Un abrazo muy grande de un fiel seguidor.
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