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El Blog de Manuela Trasobares

La Voracidad de los Tiburones de Cuello Blanco

La Voracidad de los Tiburones de Cuello Blanco

 

     Agotado el negocio sobre la vivienda, los tiburones de cuello blanco preparan el asalto a otro bien de primera necesidad: los servicios sanitarios y farmacéuticos. Cual depredadores expertos, se mantienen alerta mientras arruinan a sus futuras presas: la sanidad pública y los licenciados en Farmacia, aguardando para saciar su voracidad con la sangre de quienes no podrán pagar la factura sanitaria. 

     El acecho sobre este apeticible bocado se está proyectando desde hace años con los recortes en sanidad, su traspaso a las autonomías, la exclusión de medicamentos subvencionados o la difusión de la necesidad del “copago”, que bien podríamos llamar “requetepago”. Las clases poderosas dentro de los estamentos médico y farmacéutico están interesadas en convertir sus actividades en un lucrativo negocio. Se han dedicado a presionar al poder político para que transija con una estrategia bien definida que iniciaron durante la anterior legislatura del SOE. Pascual Maragall fue el primer político de este partido que habló abiertamente de copago. La presión de los grupos de inversión y las compañías de seguros de salud ha sido especialmente fuerte en Catalunya, donde finalmente empiezan a conseguir su objetivo: implantar un modelo mixto de gestión privada predominante; además de incentivar la contratación de servicios privados o a través de pólizas de seguro por la vía de deteriorar la asistencia pública.

     Menos conocidas con las intenciones que se cuecen con los medicamentos. En el País Valencià, los boticarios llevan seis meses sin cobrar la partida presupuestaria lo que ha llevado a más de treinta farmacias a concurso de acreedores y a otras muchas a tener que financiarse con el aval de patrimonios personales. Situaciones insostenibles amenazando convocatoria de huelga, disuadida “in extremis” por el Conseller de Sanidad con promesas poco fiables de saldar deudas para posponer la tensión hasta después de las elecciones generales. Los farmacéuticos más acaudalados están conteniendo los ánimos de sus colegas y dando soporte a la administración con una doble intención: ser los primeros en cobrar y recoger parte del pastel que dejen los establecimientos obligados a echar la persiana, cuya lista puede ser larga. Las grandes empresas quieren también lanzarse sobre este negocio con el fin de instalar farmacias en las grandes superficies una vez quede abolida la obligatoriedad de que los titulares sean licenciados. Los pequeños farmacéuticos se verán abocados a la ruina y este cambio en la legislación se venderá como una necesidad para dar servicio a la población. También nos hicieron creer que la promoción de medicamentos genéricos era un avance, mientras borraban de la lista de los financiados un buen número de referencias. 

     Las necesidades de liquidez de la sanidad valenciana están creando colapsos en los servicios que redundan en un disminución de la calidad de la asistencia en muchos casos bochornosa: intervenciones para implantar una prótesis en las que, con el paciente en la mesa, el laboratorio se niega a servirla y la consiguiente llamada de la enfermera supervisora al director del laboratorio con la amenaza de que el paciente pondrá una queja, que recibe la respuesta de “que la ponga, por favor, que la ponga, a ver si de una vez cobramos”; pacientes que fallecen por un virus de hospital tras varias horas de intervención quirúrgica magistral, por que el quirófano no había sido desinfectado convenientemente; abuelos que se van a morir a sus domicilios sin que se les revele un diagnóstico cancerígeno, ya que no hay dinero para el carísimo tratamiento de quimioterapia; inauguración de colosales hospitales tan escasos de equipamiento que los enfermeros han de correr maratones por sus pasillos para trasladar los equipos de un pavellón a otro tan pronto como son precisados; atacados de corazón que han de esperar que un afectado de la misma dolencia sea aliviado para que corra el turno de uso del desfibrilador... Mientras tanto, los ciudadanos soportan con resignación tales calamidades, que se cuentan sólo en corros privados, y se abstienen de denunciarlas por agotamiento y por desconfianza en un sistema judicial que protege al poder político con todo descaro. 

     Hasta tal punto llega el desastre sanitario en la ciudad de Valencia, que florecen por doquier las empresas de Pompas Fúnebres. Des de que estalló la crisis han sido constantes las inauguraciones de Tanatorios y la fundación de compañías funéreas en toda el área metropolitana. En proyecto hay un megatanatorio al lado del nuevo Mestalla y otros dos en l´Horta Nord, así como un crematorio patrocinado por el Arciprestazgo de Benimaclet. En todo el País Valencià, los ancianos sufren una reducción de medicamentos o una sustitución por otros más baratos y menos eficaces. En su fuero interno piensan: “nos quieren matar a todos los abuelos”. Otros, más atrevidos, lo denuncian en los corros de amigos; pero el miedo al poder político que se instauró a partir de la represión franquista de 1939 sigue presente en el inconsciente colectivo y evita la indignación masiva. Casi todos ellos recuerdan vivamente, pues con la edad reaparece la infancia en nuestra mente, las detenciones de “rojos” para trasladarlos en furgones ante los pelotones de fusilamiento de Paterna o a otras cárceles improvisadas, donde grupos de fascistas los mataban a palizas. La ley del silencio, la aceptación de los dictámenes impuestos quedaron grabadas en su mente desde niños. Sólo unos pocos recuerdan la valentía de sus antecesores, generación de hombres que vivió en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, capaces de arriesgar todos los días su vida luchando por los derechos de su clase, gracias a cuyo sacrificio hemos podido disfrutar hasta hoy de un relativo estado de bienestar.

     Hasta cuándo el pueblo podrá contenerse mientras expolian sus recursos no puedo saberlo; hasta cuándo el miedo a la represión gobernará nuestros actos, no puedo predecirlo; pero estoy convencida de que el camino no son las buenas palabras, ni las resignaciones, ni siquiera las razones, sino la acción directa, la revolución y la lucha de clases para destronar un sistema que apesta a podredumbre, corrupción y vileza. 

     La organización, la participación y la acción reivindicativa del pueblo han de convertirse en el arpón que dé muerte a los tiburones antes de que engullan a la Tierra y a todos sus habitantes.  

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