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El Blog de Manuela Trasobares

Un día de la mujer, un día del orgullo gay…

Un día de la mujer, un día del orgullo gay…

 

Celebraciones como la de ayer constatan la preminencia de un mundo basado en valores asociados a la masculinidad: fuerza, poder, imposición.

Me río de estos días dedicados a causas perdidas. No son más que concesiones del sistema para mantener bajo control a los grupos disidentes o para integrarlos. Son una excusa para que no se diga. Sirven para ignorar después las reivindicaciones. Son un paréntesis, un Kit-Kat, una chocolatina. Endulzan momentáneamente la amarga realidad de la voluntad de  poder. Convierten una triste realidad social en una fiesta, un jolgorio, una celebración, un ramo de flores que se tira a la basura la mañana siguiente. Son el pretexto del patriarcado. 

Por otra parte, ahondan en una definición de roles y valores sexuales excluyente. Muchas personas no se identifican de forma categórica con las definiciones de género establecidas, por motivos de edad, enfermedad, personalidad o simplemente por las prácticas sexuales que les complacen. Jornadas como la de ayer proclaman de forma indirecta la división de sexos. Apoyan la estructura social tradicional. Son un adorno floral. 

Se exaltan valores femeninos como la maternidad, la sensibilidad, la intuición. Pero imaginemos como se sienten las mujeres a las que se ha extraído su aparato reproductor por enfermedad, las que han superado la edad fértil, las que carecen de medios u ocasión de ser madres, las que tienen gustos sexuales que no se dirigen a la procreación. ¿Y qué hay de las mujeres que no se rigen por la sensibilidad, sino por criterios intelectuales o científicos? ¿de las que no son intuitivas, sino racionales?

Exactamente lo mismo sucede con el hombre. El papel que se le otorga en la sexualidad o la sociedad tradicionales deja al margen a muchos que no se identifican con el papel del macho y no sólo me refiero a los homosexuales. 

En realidad, la aceptación condicionada de la homosexualidad en la sociedad actual es una medalla que se ha colgado el patriarcado, una cortina de humo. Digo condicionada por que sólo se acepta públicamente a los homosexuales que redundan en definir los roles de género clásicos, los que promueven el capitalismo, los que ensalzan el feminismo y la familia y en un momento dado se las dan de machos. El sistema los precisa para consolidarse. Son propagandistas, bufones del poder.

En cuanto al feminismo imperante, he de decir que exhala una pestilencia insoportable. Quiere meter a la mujer en la misma carrera que el hombre por el poder político y económico. Da prioridad a  que haya mujeres en los consejos de administración, en las cátedras, en los juzgados. Es una forma también de apuntalar el sistema y promover la competición en vez de otros valores humanos  fundamentales.

No hace mucho tuve ocasión de participar en un festival de cine alternativo. La Muestra Marrana. Es uno de los pocos foros en los que he podido percibir una concepción del ser humano integral, como persona, más allá de definiciones o reivindicaciones de género con las que es imposible conseguir la verdadera igualdad y la inclusión social de todos. 

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